--- title: "Las Zonas de Guerra" --- La superficie de la Tierra había sido transformada por la invasión de Fuse en un mosaico de territorios cuya clasificación reflejaba el grado de control que las fuerzas invasoras ejercían sobre cada región, una cartografía del conflicto cuya lectura proporcionaba a los estrategas de la Resistencia la información necesaria para planificar las operaciones con una precisión que la diferencia entre la victoria y la derrota exigía. Las zonas de guerra no eran fronteras estáticas sino líneas fluidas cuya posición cambiaba con cada ofensiva y cada contraofensiva, un frente de batalla cuya extensión abarcaba continentes enteros y cuya gestión requería una coordinación que ponía a prueba los límites de la capacidad organizativa de la Resistencia. Peach Creek, el suburbio que había sido el hogar de los Eds y de los niños cuyas vidas cotidianas habían definido la normalidad del vecindario, se había convertido en una zona de conflicto cuya transformación era el ejemplo más doloroso de lo que la invasión significaba para los lugares que los héroes llamaban hogar. Las calles donde los niños habían jugado estaban ahora flanqueadas por formaciones de Fusion Matter cuya presencia convertía el paisaje familiar en un territorio alienígena cuya navegación requería la vigilancia constante de quienes se aventuraban en él. Los Terrafusers que se alzaban en las intersecciones del vecindario como torres de una ciudad invasora proyectaban una sombra verdosa que cubría las casas con la oscuridad de una ocupación cuya permanencia la Resistencia estaba determinada a interrumpir. La zona del Parque de Foster era un territorio cuya importancia estratégica derivaba de la presencia de la Mansión de Foster para Amigos Imaginarios, una institución cuya función original, el albergue de los amigos imaginarios que los niños habían dejado de necesitar, se había transformado en un centro de refugiados cuya capacidad era puesta a prueba por el flujo constante de desplazados que la expansión de las zonas de Fusion producía. Madame Foster y Frankie, las administradoras de la mansión, gestionaban el refugio con una competencia cuya eficiencia los administradores de crisis profesionales habrían admirado, convirtiendo cada habitación, cada corredor y cada espacio disponible en alojamiento para los que habían perdido sus hogares ante el avance de la Fusion Matter. Las Darklands, las regiones donde la concentración de Fusion Matter era tan intensa que la transformación del paisaje era completa, eran los territorios más peligrosos del mundo, zonas donde la Tierra original había sido reemplazada por un ecosistema alienígena cuya biología era la extensión directa de la voluntad de Lord Fuse. En las Darklands, el cielo era verde con la luminiscencia de la Fusion Matter que saturaba la atmósfera, el suelo pulsaba con la biología de un organismo cuya escala planetaria hacía que caminar sobre él fuera como caminar sobre la piel de un ser vivo, y las criaturas que lo habitaban eran los soldados más poderosos de Fuse, entidades cuya concentración de Fusion Matter les confería capacidades que excedían las de los monstruos de las zonas periféricas. Endsville, la ciudad cuya relación con lo macabro la había preparado para la invasión mejor que cualquier otra comunidad del planeta, era una zona de guerra cuya particularidad residía en la interacción entre las fuerzas de Fusion y las fuerzas sobrenaturales que habitaban la región. Los monstruos de Fusion que invadieron Endsville descubrieron que la ciudad contenía amenazas que no habían sido contempladas en la estrategia de invasión de Lord Fuse: fantasmas cuya hostilidad hacia los invasores era tan intensa como era hacia los vivos, demonios menores cuya territorialidad los llevaba a atacar a cualquier intruso independientemente de su origen, y la propia presencia de Grim cuya guadaña convertía las incursiones de Fusion en las cercanías de su residencia en operaciones cuyo costo para las fuerzas invasoras excedía los beneficios que la conquista de la zona proporcionaría. El Sector V de los Kids Next Door se había convertido en una fortaleza cuya defensa era la prioridad máxima de la organización, un bastión cuya caída significaría la pérdida del centro de comunicaciones más importante de la Resistencia. La Casa del Árbol, reforzada con tecnología proporcionada por Dexter y con las defensas propias de los Kids Next Door, era un punto de resistencia cuya tenacidad desafiaba los intentos de las fuerzas de Fusion de neutralizarla. Los ataques contra el Sector V eran frecuentes y cada vez más intensos, como si Lord Fuse comprendiera que la destrucción de la red de inteligencia de los Kids Next Door debilitaría la capacidad de la Resistencia de anticipar sus movimientos. Las zonas costeras del planeta presentaban un desafío particular porque la Fusion Matter se comportaba de manera diferente en el agua que en la tierra, formando estructuras submarinas cuya función los científicos de la Resistencia tardaron en comprender: eran los conductos a través de los cuales la señal de Lord Fuse se transmitía por los océanos, una red subacuática cuya extensión conectaba los diferentes focos de invasión con una eficiencia que la superficie terrestre no permitía. La destrucción de estos conductos se convirtió en una prioridad que los héroes con capacidades acuáticas asumieron con una determinación cuya eficacia era limitada por la hostilidad de un entorno submarino que la Fusion Matter había convertido en un territorio tan alienígena como las Darklands de la superficie. Las bases de la Resistencia, establecidas en las zonas que los héroes habían logrado asegurar contra la expansión de Fusion, eran los puntos desde los cuales las operaciones ofensivas y defensivas eran lanzadas. Cada base era un microcosmos de la Resistencia, una comunidad cuya vida estaba organizada alrededor de la guerra con una eficiencia que la necesidad imponía: los talleres donde las armas eran fabricadas y reparadas, los hospitales donde los heridos eran tratados, los centros de comunicación desde los cuales la coordinación con las otras bases era mantenida, y los cuarteles donde los combatientes descansaban entre misiones con un sueño cuya calidad era inversamente proporcional a la cercanía de las líneas del frente. La vida en las zonas de guerra era una existencia cuya monotonía era interrumpida por estallidos de violencia cuya intensidad hacía que la monotonía pareciera un lujo que los combatientes añoraban con la nostalgia de quienes comprenden que la paz es un bien cuyo valor solo se aprecia cuando se ha perdido. Los civiles que permanecían en las zonas de conflicto lo hacían porque la evacuación era imposible o porque su determinación de no abandonar sus hogares excedía su miedo a la invasión, y la Resistencia les proporcionaba la protección que sus recursos permitían con la conciencia de que la protección perfecta era un ideal cuya materialización estaba más allá de sus capacidades. Las zonas de guerra del mundo eran el testimonio más visible de lo que la invasión de Fuse significaba para la Tierra: no una conquista cuyo resultado fuera la sustitución de un gobierno por otro sino una transformación cuyo objetivo era la eliminación de la Tierra como planeta habitable para los seres que lo habitaban y su conversión en una extensión del Planeta Fusion, un destino cuya prevención era la razón de ser de la Resistencia y cuya posibilidad era el motor que impulsaba a los héroes a seguir luchando incluso cuando la magnitud de la amenaza hacía que la esperanza pareciera una forma de locura.